El 4 de junio de 1943, un golpe de estado derrocó a Ramón Castillo pocos meses antes de la celebración de las elecciones.
Al impedir las elecciones previstas, los militares golpistas querían evitar que triunfara el candidato de Castillo, el conservador Robustiano Patrón Costas. Éste era un empresario abiertamente partidario al fraude y que, con respecto a la Guerra Mundial, tenia una posición favorable a los aliados. Al mismo tiempo, con el golpe también buscaban impedir cualquier posible triunfo de la oposición.
Frente a la nueva intervención militar, la mayoría de los partidos políticos se mostraron cautelosos en los primeros días y esperaron que la situación evolucionara.
En un primer momento, el golpe fue encabezado por el general Arturo Rawson; pero, días después, algunos grupos militares intentaron controlar la situación. Así, Rawson fue remplazado por el general Pedro P. Ramirez. En 1944, Ramirez debió abandonar el gobierno a causa de una compra de armas en Alemania, y lo sucedió el general Farrell.
Paralelamente, cada vez era mayor la influencia dentro del Ejército de un grupo militar, llamado Grupo de Oficiales Unidos (GOU). Uno de ellos era, entonces, el coronel Juan Domingo Perón.
Cuando Farrell asumió la presidencia, Perón-que ya era secretario de Trabajo y Prevención- fue nombrado también ministro de Guerra y, mas tarde, vicepresidente de la Nación.
Al frente de la secretaria de trabajo, Perón estableció contactos con los dirigentes sindicales y comenzó a desarrollar una política social que beneficiaba a los trabajadores. Esta relación entre Perón, los trabajadores y los sindicatos fue luego decisiva en la política argentina.
En septiembre de 1945, la oposición (el radicalismo, socialismo, comunismo y grupos conservadores) organizó una gran manifestación de protesta en nombre de los valores democráticos. Algunos grupos militares no apoyaban a Perón y aprovecharon, entonces, para pronunciarse contra su política. Perón debió renunciar a todos sus cargos y, unos días mas tarde, fue encarcelado y enviado a la isla Martín García.
a pesar de haber sido apartado del gobierno, Perón contaba con el respaldo de una gran parte del sector obrero. En los barrios y en las fábricas del Gran Buenos Aires, la inquietud por la situación en la que se encontraba Perón creció entre los trabajadores. El 17 de octubre, una gran movilización avanzó desde las zonas obreras hacia la plaza de mayo reclamando la libertad de Perón. Al anochecer de ese día, fue liberado y hablo ante las miles de personas que estaban reunidas en la Plaza. El 17 de octubre fue desde entonces el Día de la Lealtad, una de las fechas que el peronismo iba a conmemorar de allí en mas.
La movilización de los trabajadores del Gran Buenos Aires -que se trasladaron a pie, en camiones, solos o en columnas hacia el centro de la ciudad- fue un hecho importante para la política argentina. Hasta ese momento, los trabajadores solo acudían a Buenos Aires para ir al cine o a una cancha de fútbol. Esta vez se trato de algo mucho mas serio: la gente se había movilizado por cuestiones políticas.

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